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martes, 5 de enero de 2016

Aquello que nunca fue...


Él la quiso. ¡Dios si la quiso!

Ella lo quiso. ¡Vaya si lo quiso!

Es curioso como a veces lo único que debería bastar y ser suficiente, no lo es.

No es una de esas historias bonitas en las que hay un beso y una declaración de amor. La de ellos fue una historia bonita, de esas de verdad. Aquellas en las que quieres con el corazón en la mano, con lo mejor de uno. No hubo besos ni caricias. Mucho menos abrazos ni susurros tiernos en la oscuridad.

Nunca hubo nada de eso.

Él se dormía mirando la pantalla del teléfono. Veía su nombre y debajo aparecía un solemne “Escribiendo…”. Sus ojos le ganaban la batalla por no cerrarse, pero él parecía inmolarse en una lucha eterna por no caer en las fauces de aquel sueño tentador, aquel que le mostraba el rostro de ella. Un nirvana infinito que terminaba tal y como comenzó.

Con el sonido de la alarma anunciándole un nuevo día que comenzaba.

Ella lo recordaba a través del cristal que daba a la calle en un asiento de transporte público, mientras viajaba a un destino imaginario. Hubiera deseado que él estuviese a su lado, diciéndole todas esas cosas maravillosas que acompañaban a sus mensajes junto con algunos emoticonos y signos de exclamación. Porque a veces tanto cariño no cabe en un “<3”. Hubiera querido recostarse en su hombro y soñar con esa tranquilidad que él le prometía.

Pero era un sueño, era una fantasía que ambos habían construido en complicidad.

Era un refugio al que corrían al sentir la pesadumbre de la cotidianeidad. Un nido de amor virtual en el que jamás podrían rozar sus labios ni tocar sus rostros con las yemas de los dedos. Un pequeño espacio que no existía realmente como tal. Separados por un “Escribiendo…”, las promesas más eternas y sinceras se erigían como columnas de un templo en el que los únicos dioses eran ellos.

No había realidad, pero aquello era más real de lo que alguna vez hubieran podido imaginar.

Él la quiso y ella lo quiso, ¿Qué fue lo que sucedió, entonces?

Él la imaginaba mientras garabateaba un dibujo inexpresivo en su cuaderno de apuntes. Un maestro hablaba, pero eran palabras lejanas. Él trataba de recordar el sonido de su voz, un audio de menos de un minuto. “Te quiero”, había dicho ella y la explosión de felicidad en su pecho había sido irreprimible. Ahora trataba de aferrarse a ese recuerdo, pero se le escapaba entre las frivolidades en las que se encontraba sumergido.

La nostalgia amenazaba con carcomerlo desde el interior. Porque se puede luchar contra cualquier obstáculo, menos contra la pena.

Ella no sabía que responder cuando él lanzaba esas manifestaciones descaradas de cariño bueno. A veces se abrumaba. Sabía que lo quería, sabía lo que él valía. Pero también sabía lo que ella valía y no le parecía que lo mereciera. A veces solo hubiera querido correr y abrazarlo, sentirse segura al compás de los latidos de su corazón, ahí, repicando por ella. Saltando jubilosamente solo al contemplar su rostro. Tan solo eso pudo haber sido suficiente.

Pero su determinación no era tan fuerte como sus sentimientos por él.

A veces imaginaban una vida, juntos. Una en la que eran felices. Ella sonreía, con esa hermosa sonrisa de portada y él, cuanto no menos, hacía el esfuerzo. Porque siempre supo que ella estaba fuera de su liga, pero ella le había tendido unas exquisitas escaleras imaginarias que lo habían colocado justo donde necesitaba estar. A su lado. Por y para ella, justo donde ella quería que estuviese.

Imaginaban, soñaban y compartían. Dos almas enamoradas que no hacían más que quererse la una a la otra. Tal vez fue eso, quizás fue que debieron hacer más que solo querer.

Una canción sonaba en sus oídos y él cerraba los ojos. Se imaginaba a su lado. Bailaba suavemente. La llevaba, cual gala importantísima, lentamente por la cintura. Giraban, ella sonreía. ¡Dios! ¡Qué no hubiera hecho por esa sonrisa! El compás que marcaba la música era de esos que desearías que nunca se termine.

Como aquellos sueños de los que nunca quieres despertar.

Ella solo reía así con él. Le faltaba su presencia, pero no estaba segura de desearla. ¿Qué lo hacía diferente? Algo raro le pasaba, algo que a ella no le había sucedido en mucho tiempo. Nunca había visto su rostro y, ciertamente, había visto otros mejores. Pero era él. Con sus tonterías, con sus comentarios inoportunos, con su forma de quererla, con su forma de inmolarse, con su virtud y su gracia que le estaban ganando una guerra que se rehusaba a perder.

Era un juego peligroso, y él había comenzado a llevarle la delantera.

Nunca hubo nada, pero igual y lo tuvieron todo. El mundo pudo haber sido de ambos. Eran jóvenes, eran ellos y no importaba nada más. Él solo hubiera querido pedirle que lo recuerde como lo que fue en su vida. Aquel que nunca estuvo pero que nunca le faltó. Ella solo hubiera querido decirle que no sea tan “él”, que la vida no era un idilio, que el amor no es como en las películas.

Pero luego venía él y le prometía el mundo, y por alguna razón extraña, no parecía una mentira. No podía serlo, incluso aunque ella no se lo hubiera imaginado. Desde la soledad de su habitación, él se dedicó a construir un castillo imaginario para ella, solo para ella. Un castillo que solo podía ser habitado por ambos. Nunca entró, nunca hubiera podido hacerlo solo. Todo estaba listo, solo faltaba ella.

Siempre faltaba ella.

Ella besaba otros labios, pero imaginaba a qué le habrían sabido los de él. Tomaba otras manos entre sus manos y tocaba otros rostros con las yemas de sus dedos. Y prometía futuros infinitos y sentimientos malditos a otros.

Pero en un rincón de su alma, se imaginaba prometiéndoselos a él.

Él no besaba otros labios hacía un buen tiempo ya. Había olvidado lo que era sentir la calidez de un cuerpo femenino tendido junto al suyo. La cama se le hacía un océano inmenso en el que hasta su soledad lo abandonaba. A veces pensaba en ella y en todo lo que le había prometido. Hubiera querido escribirle, pero ya no era lo mismo.

Él no era el mismo y ahora tenía que dedicarse a destruir ese castillo de sueños que había erigido a una musa a la que había abandonado.

Porque la vida toma rumbos extraños, pero válidos. Y te golpea.

Y te enseña.

Pero te duele.

Alguien te dice que el tiempo cura todas las heridas. Pero ¿qué haces si es que no fuera así?

Aprendes a cargar con él todos los días de tu vida. Aprendes que a veces no tienes que ganar, solo tienes que sobrevivir.

Ella lo aprendió, ella fue fuerte.

Él también lo aprendió. Él no era fuerte, pero era un luchador.

A veces se recordaban el uno al otro y la nostalgia rondaba por sus mentes. “Uno nunca olvida, simplemente deja de recordar”, le había dicho él. Mientras ella prefería no pensar en sus palabras aferrándose a otros brazos que le prometían curar todas sus heridas.

Y es que el amor es una de esas heridas que nunca cicatrizan.

Él la quiso. ¡Dios si la quiso!

Ella lo quiso. ¡Vaya si lo quiso!

Debió ser suficiente. Hubieran querido que lo sea.


Pero no lo fue.


lunes, 4 de enero de 2016

Explicaciones que no me pediste

En los últimos días, fui víctima del contagioso optimismo generalizado por los días festivos. Navidad, Año Nuevo y todo eso. Y sí, también engordé como el 85% de la población e ingerí más alcohol del que puedo recordar, sin embargo, no escribo esta entrada para contarles sobre cómo transcurrieron las fiestas de fin de año porque, seamos sinceros, pasados el jolgorio y la algarabía de los festivos, cuando alguien publica la “genial” forma en la que los disfrutó, lo único que nos queda a los demás es ese sentimiento de “Ya, ¿y a mí que chu?”.

Por eso es que esta publicación no tiene ningún afán de compartir con ustedes, queridos lectores, sobre cómo pasé o no pasé mis festivos (o qué pasó y no pasó, en todo caso). Ya sé que nadie varios se deben estar preguntando “Oye, ¿no habías cambiado Blogger por una plataforma más hipster y pinky friendly?”.

Pues la respuesta es sí y no. Como mencioné líneas arriba, es cierto que uno se contagia con esa infecciosa euforia diabólica y se propone metas inalcanzables optimistas para el nuevo año. Yo, por ejemplo, pretendiendo usar Wix como una manera menos emo y escala de grises más amigable y colorida para los lectores.

No me malinterpreten. Wix resultó ser una plataforma genial, es solo que requiere dedicarle mayor tiempo del que le dedicó a Blogger. Además, estuve reflexionando un poco en estos días y llegué a la conclusión de que, si eres bueno en algo y a la gente parece gustarle, ¿por qué tienes que cambiarlo? ¡Apunta eso, Burger King!

Así que por una parte era eso, estamos de vuelta en Blogger, luego de la mudanza más corta e innecesaria de toda la historia de la World Wide Web. No digo que vaya a descartar la idea de Wix para siempre, es solo que por el momento, me parecería demasiado apurado y poco planificado el hecho de “irnos a otra plataforma” solo porque sí. Además, por el lado de los “beneficios” dinero y chucherías, Blogger me permite interconectar la cuenta con Analytics y así saber cuántas personas han visitado la página, desde dónde, con qué navegador, con qué sistema operativo, con qué modelo de móvil celular, (¡Por amor de Dios, que eres peruano, hombre!), desde qué parte de la casa, si estaban en sus cuartos o en el baño, si había papel higiénico o sí se acabó el agua, etc.

Entonces, ¿por qué sacrificar todas estas ventajas en un impulso de optimismo descartable? No tiene ninguna razón de ser. Dicho esto, procedo a darle las gracias a Wix como la canilla al aire que fue (Lo nuestro es serio, Blogger, cariño). Por otra parte, luego de toda esta explicación que se pudo haber resumido en un “We are back, bitches! Haters gonna hate!”, nos quedamos sin nada más.

“¿Qué?”

Pues sí, la verdad es que no tengo nada más, amigos. Eso era todo.

“¿No puedes improvisar o algo así?”

Acabo de prometer que no iba a contar lo de los festivos y eso, no quiero perder todo el poco respeto de mis lectores, ¿sabes?

¡Bah! ¡Ya qué!

Después de este pequeño paréntesis explicativo-descriptivo, me pongo a pensar: ¿Es acaso el optimismo una enfermedad contagiosa? Digo, se ve a tantísima gente publicando en redes sociales varias y demás sus buenos deseos, sus nuevas metas, sus próximos pasos a seguir. Todo. Nos dan un insight general a sus vidas y yo no puedo evitar preguntarme: Si tuviéramos que hacer un balance general de todo lo que prometieron, desearon, esperaron conseguir y demás, ¿qué resultados obtendríamos? ¿Los publicarían tan igual como en vísperas de nuevo año?

¿Pues sabes una cosa? Yo no lo creo.

Y antes de que por ahí alguien me llame fatalista o deprimente, u hombre de poca fe. Pues miren, es muy sencillo. El año nuevo, las festividades, se repiten año tras año, diciembre tras diciembre y así, recibimos todos los dos mil habidos y por haber, sin embargo, el hecho de que el año sea “nuevo”, no implica que lo seamos nosotros por igual.

Esto a pesar de todas las imágenes publicadas en las que las personas se trazan objetivos surrealistas que no harán más que recordarles sus propias limitaciones a finales de año, sus propios “sí, lo intenté…pero no pude” y es un círculo vicioso de nunca acabar.

Entonces, para los que estaban esperando un estado en el que hablase de una chica, de alguna historia de ficción o demás tipo de cosas a las que los tengo acostumbrados en este blog, pues lo siento. ¡Wao! Sí, lo sé. ¿Qué esperaban? Ya para variar un poco, cambiemos de tema. Ya habrán más de 350 días para poder escribir sobre las cosas de siempre, como dije, tampoco es que conozca una mujer a diario para escribirle algunas líneas en este espacio.

Por lo que esto solo pretende ser una reflexión. Lo sé, no soy un escritor renombrado ni reconocido de esos que puedes publicar una foto junto con alguna frase puñetera que probablemente él o ella no dijo, pero desde donde sea que leas estas líneas, quizás te sirvan, tal vez no. Nadie lo sabe.

Por eso mi consejo es el siguiente: Desconéctate un poco de lo habitual, si quieres publicar todos tus objetivos del 2016, ¡hazlo! Pero hazlo en tu mente o publícalos en tu habitación, para variar. Recuérdatelos todos los días 24/7. Nadie vendrá y los conseguirá por ti, ¿sabes? Porque nadie te enseña a vivir la vida, TU vida. Es como la escuela. Nunca te enseñan a pagar cuentas o a postular a un trabajo, pero sí que te enseñan funciones polinomiales y esas boludeces que probablemente nunca vuelvas a utilizar en la vida.


Este fue un comunicado no oficial, no necesario y no requerido de parte de la administración de “El Milagro de tu Existencia”, contrario a lo que puede parecer, la vida no es tan mierda, mis amigos. Y está únicamente en nuestras manos el hacerla un mejor lugar para, ya saben, vivir.

martes, 22 de diciembre de 2015

El Milagro de tu Existencia (en el 2016)

¡Hola mundo y habitantes del mismo!

Soy Sandro (¡duh!) y bueno, generalmente nunca coloco mi nombre en ninguna entrada porque ya saben que soy tímido (jaja, sí claro) y evito tener que dejar mi huella. Sin embargo, hoy no haré eso ya que quiero explicar un par de cosas sobre el blog.

Bueno, en primer lugar, como algunos ya saben (si no lo saben, se los cuento), ahora me encuentro en Barcelona. Les diría que en España, pero sería crucificado, así que dejémoslo así. Me encuentro en algún punto de Europa, por lo que, para el reducido número de lectores de este blog en Perú, debe resultar un poco extraño observar que la dirección web de “El Milagro de tu Existencia” ahora añade un cucufatísimo “.es” al final (¡la hostia!). En fin, que sepan que esto no es obra mía, sino de los servicios de geolocalización (¿cómo rayos hacen para deletrear eso?) de Google. Por otro lado, también les debe resultar particularmente incómodo encontrarse con publicaciones o entradas nuevas en el blog a través de Facebook o Twitter… ¡A las 5 o 6am! Considerando que para mí ya es mediodía, este problema horario pequeñito puede ser una desventaja para quien quiera que desee leer mis entradas casi biográficas y descorazonadas en su mayoría…o quien desee ojear aunque sea los primeros párrafos.

Por tanto, y haciendo gala de mis capacidades organizativas (las cuales son casi inexistentes) he decidido encontrar un horario que beneficie tanto a la microscópica cantidad de personas que me leen aquí en Barcelona (lo sé, yo tampoco me creía que me leyeran aquí) como a los amables compatriotas peruanos que dedican unos minutos de su tiempo en compartir un poquito de mi visión de vida.

Punto número 2. He quedado particularmente sorprendido en estos días al encontrarme con la grata y poco esperada sorpresa de que el blog está recibiendo visitas de países como Rusia, Holanda, Japón y… ¡China! (What the fuck!?). No es que me moleste, no, jamás, para nada. Por el contrario, me alegra ver que al menos tenemos un minúsculo alcance internacional (inserte carita feliz, aquí) pero como saben, lamentablemente este servidor no habla ni ruso, ni japonés aunque sí un poco de chino (Hong Kong, Beijing, ni hao, lao shi, etc). En fin, el punto es que mientras mi idioma nativo es el español, ya me gustaría poder escribirles en alguna lengua más “internacional” como el inglés. Tengan por seguro que en el preciso momento en el que me sienta seguro de poder escribir una entrada en inglés, lo haré.

¿Cómo rayos es que me leen en Rusia? ¿Entienden los chinos lo que escribo?

Luego, algunas dudas que me gustaría aclarar, al mismo estilo preguntas y respuestas, son las siguientes:

P: ¿Por qué siempre escribes sobre chicas?
R: ¿Por qué empezamos siempre con las preguntas más odiosas? ¿Acaso me ves preguntándote por qué tienes tan mal aliento?

P: … ¿Entonces?
R: Bueno, bueno…siempre he querido pensar que mis penurias amorosas son lo más de lo más, la crème de la crème, pero no. No es así…digo, una vez conocí un hombre al que lo plantaron 2 veces en el altar y ya lo ves, no está escribiendo pendejadas en un blog.

P: ¿Alguna mujer en particular en este momento?
R: ¡Ya me gustaría decir que sí! Si tengo que ser absoluta y descaradamente honesto, no existen 2 entradas continuas en el blog que traten sobre la misma chica. Sí, ya sé lo que están pensando. “Eres un cerdo, Sandro, metiéndote con tantas chicas y regalándole tu prosa a todas”. Jaja, número 1: nunca llego a la parte de “meterme” con ellas…aunque ya me gustaría. Número 2: No son tantas, solo las que me marcan algo adentro…o me dejan lo suficientemente K.O. y número 3: Cada uno tiene su forma de lidiar con el rechazo, ¿no? Algunos se van de party todos los fines de semana; yo, en cambio, me dedico a escribir pendejadas sin sentido y que arrancan suspiros ajenos. Touché.

P: También veo en tus entradas que escribes sobre un tal Sombra…
R: Sí, mucho se ha hablado sobre mi relación con este personaje. Por eso quiero dejar algo completamente claro: YO NO SOY SOMBRA. SOMBRA NO EXISTE. Es solo un personaje que se presta a muchísimas malas interpretaciones. Sé que nunca le he dado nombre a la persona debajo de la máscara de Sombra y siempre escribo sus historias en primera persona, pero ¡vamos! Eso no significa que yo voy corriendo de azotea en azotea y salvando gente solo porque me quiero rebelar contra el sistema.

P: ¿Qué viene ahora para “El Milagro de tu Existencia”?
R: Mira, una de las pocas cosas que creo que se me da bien es escribir. Tal vez sea falsa modestia, ¡qué sé yo! El punto es: en este momento, necesito aferrarme a las cosas que se me dan bien, que no son tantas. Por eso, quiero mantener vivo el blog. Quizás bajarle un poco las revoluciones al número de entradas dedicadas a desamor, rechazo, mujeres y demás. Después de todo no es que todos los días conozca una mujer diferente como para escribirle unas cuantas líneas aleatorias, ¿cierto?

P: ¿Debemos esperar más pendejadas, entonces?
R: ¡Claro! Una de las características que ha marcado el blog desde sus inicios es su continua tendencia a quejarse de la vida, los gajes del oficio y esos gags que solo parecen ocurrirle a cierto porcentaje de personas, yo incluido. La vida tiene gracia, no todo es triste, y a veces en la miseria de otro está el humor que los demás necesitan, soy un absoluto convencido de esto.

P: ¿Qué crees que pensaría tu novia si leyera tu blog?
R: ¿Estás de broma, no?

P: ¡Oh, cierto! No tienes novia…
R: Estoy absoluta (y desesperadamente) disponible

P: Ya, a nadie le importa
R: Me deja de gustar esta entrevista, ¿sabes?

P: ¿Pero de qué estás hablando? Esto no es una entrevista, tú mismo estás escribiendo esto.
R: ¡¿QUÉ?!

Bueno, como pueden ver, estas son algunas de las interrogantes que quiero dejar claras para continuar con el blog. Sí, quiero seguir escribiendo y sí, quiero cambiar un poco los temas. A ver, no digo que nunca más vaya a escribir sobre alguna descorazonada aventura en tierras extranjeras, pero por el momento no es mi tema predilecto. Pero sigan conectados que nunca se sabe que pueda pasar.

En fin, solo agradecerles a todas las personas que llegaron hasta este punto. Si este blog se mantiene (y no es solo un puto diario personal) es gracias a todos ustedes, por lo que seguiré tratando, desde donde quiera que me encuentre, de honrar el milagro de que cada uno de ustedes exista.

P: ¿Ya me puedo ir?

R: ¡Qué te den!